Cual pájaro agorero llegaste a mi ventana;
y yo; virgen aún en eso del amar,
me embriagué con tu canto, de dulzor de fontana,
y en el fondo de mi alma te burilé un altar…
Y toda la floresta lució aquella mañana;
su perfume las flores y su arrullo el pinar,
y las nubes cargadas de celajes de grana
fueron palio sagrado de una dicha sin par…
Me trajiste la dicha tantas veces soñada,
me regaste de flores mi senda de dolor;
–Amémonos– me dijiste, ya no temas a nada…
Y en las redes divinas, de tu sagrado amor,
en tu vida, por siempre, me quedé aprisionada
y aunque presa me tienes no te guardo rencor.
Adilya Cardona
Fuente:La Tribuna Cultural; 23 Mayo, 2010
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